El activo circulante (o corriente) es aquel que la empresa espera convertir en efectivo, vender o consumir dentro de los próximos 12 meses — caja, banco, cuentas por cobrar de corto plazo, e inventario destinado a la venta.
El activo fijo (o no corriente) es de uso más prolongado y no está destinado a la venta directa, sino a ser usado en la operación del negocio durante varios años — maquinaria, vehículos, inmuebles, equipos de oficina.
Esta clasificación es relevante para analizar la liquidez de una empresa: una empresa con muchos activos fijos y poco activo circulante puede tener dificultades para cubrir obligaciones de corto plazo, aunque su patrimonio total sea alto.
El módulo de Activos Fijos de MUERMO Contable lleva el registro completo de depreciación contable y tributaria de cada activo de uso prolongado.